viernes, 21 de julio de 2017

Juan Rodolfo Wilcock (1919/1978 )

Deshacerme


Extiendo hacia mi pasado
vanos tentáculos de sueño
para capturar objetos, papeles
que quizás no existen más;
sin embargo,
como un remordimiento,
sé que mis riquezas
simbólicas todavía están allá,
en aquella casa hoy cerrada,
jaula de un loco y de una vieja:
mis retratos de entonces,
el sellito con mi nombre,
y yo, yo por todas partes,
en los espejos, sobre las paredes.
Vamos, debo ir a desmantelar
ese templo de mí mismo,
saquear, regalar
a los museos mis muebles
más insólitos y tirar lo demás,
exorcizar ese lugar
destinado a mi culto,
morir sin dejar
huellas vergonzosas u otras,
deshacerme de todo, irme
así como he venido.


("periódico de poesía", no. 100, trad. de jeremías bourbotte)

jueves, 20 de julio de 2017

Juan Carlos Bautista (1964 )

Caín y Abel



                        casi no hacía ruidos,          
pero desaforadamente                      
           su bestia comía de mi culo.          

Un hombre silencioso en tiempos de guerra.          
Y me abrí delicadamente                                
como un jacinto a la pisada del buey.          
manos que fueron pañuelos para su frente,          
mi espalda como un pan          
y ojos que supieron cerrarse a tiempo.
dije este hombre es mi hermano
y lo quiero
porque somos igual de pobres
y estamos igual de hambrientos.

Trepado en mí

Este hambriento –dije– es mi hermano.
Le di agua de mi boca,

Trepado en mí,

—Habla de un incesto—contestó Él
cuando terminé la lectura.

—Sí —respondí con cierta resignación.



Rezo coral por la tamalera asesina


Señor: perdónala Tú,
perdona a la mujer que hizo tamales al marido.
A la mujer que no lloró
y, antes bien, se dobló de placer
al hundir los dedos en la masa
y la manteca.

Perdónala:
era sólo una golosa
y en todo caso, una arrebatada,
una delirante.

¿Quiénes somos nosotros para juzgar su locura
cuando los tamales estaban buenísimos?

Perdónala:
no es poca cosa lograr delicia
de una carne embrutecida y vil.

No la juzgues a ella,
juzga su obra: la mezcla perfecta
de la carne del cerdo con la salsa dulce y picante del morita.

¡Perdónala! ¡Perdónala!

Retén su gesto de Verónica
cuando los periodistas llegaron
y le pidieron, para la foto,
que blandiera el cuchillo como una trágica.

¡Temblaba, Señor, temblaba
porque los olores la transían aún,
y ella iba abriéndose a las intuiciones de su lengua.


("poetas del grado cero")

martes, 18 de julio de 2017

Ángel González (1925/2008 )








Leo poemas



Leo poemas al azar,
leo casi sin pensar en lo que leo.
Cuando me encuentro un verso triste,
siento en el alma como una caricia.
No es que me alivie la tristeza ajena;

es que me siento menos solo.


Algunas tardes


Una tristeza insólita
me invade algunas tardes.
La de hoy es una de ellas.

En el sombrío cuarto de estar
triste,
permanezco a la espera
de que la luna certifique la defunción del día.

Este es por fin el cuarto
menguante de una luna llena
de macilenta luz
que me confirma lo que yo esperaba:
el día
que tanto me dolía ya se ha muerto.

Y la noche es el sueño: al fin, la nada.


("escomberoides")

lunes, 17 de julio de 2017

Eugénio de Andrade (1923/2005 )

Es un lugar al sur


Es un lugar al sur, un lugar donde
la cal
amotinada desafía la mirada.
Donde viviste. Donde a veces en sueños

aún vives. El nombre preñado de agua
rezuma en tu boca.
Por caminos de cabras descendías
a la playa, el mar batía

aquellas rocas, estas sílabas.
Los ojos se perdían ahogados
en el fulgor
del último o del primer día.
Era la perfección.


("índigo horizonte", trad. nuria p. serrano)

domingo, 16 de julio de 2017

Uriel Martínez (1950 )

Cenicienta


tampoco hoy vino Cenicienta,
no te asomes a la cocina
donde pastan cucarachas
y ratones;
Cenicienta lleva un mes
ausente, lejos de casa,
lejos de la ciudad,
por favor no abras la recámara;
no te espantes si las sábanas,
colchas y cojines se han cubierto
de pelos, escamas o grietas;
Cenicienta no llama, no escribe,
no responde a mis guiños
rojos de emergencia, a mis
por favor, regresa;
Cenicienta se desvanece en
cada esquina, en cualquier
quicio, con cualquier vaquero
que le tira un lazo;
vuelve a casa, te mejoraré
el salario, las noches de asueto,
las madrugadas frías;
pero vuelve.


[Inédito]

sábado, 15 de julio de 2017

Sujana Bhatt (1956 )

Orfeo, te digo...



Orfeo, te digo que no estoy en el infierno,
este lugar se llama Maine.
Durante el invierno el viento helado me quema el rostro,
y yo sudo, hundiéndome en la nieve al caminar.
Pero ahora es primavera:
el ruido de la nieve al derretirse,
el gotear del agua en los aleros, anegando los azafranes y las arisemas.
El viento lanza piñas por mi camino.
Orfeo quiero quedarme aquí
con los suaves guijarro,
quiero quedarme aquí, en la orilla del océano
he encontrado a alguien nuevo

-no un dios, sino un hombre tranquilo que escucha.


(muro fb de susana bautista cruz, s/c traductor)

viernes, 14 de julio de 2017

Maria do Rosário Pedreira (1959 )

Dime tu nombre ahora que perdí



Dime tu nombre ahora que perdí
casi todo, un nombre puede ser el principio
de algo. Escríbelo en mi mano.

Como tus dedos – como el polvo se
inscribe, desazonado, en los caminos y los
lobos manchan el manto de la nieve con las
señales de su hambre. Susúrramelo al oído.

Como si trasladaras las palabras de un libro
hacia otros adentros - así conquista el viento
el tímpano de las cuevas y entra la calidez del verano
en la casa fría. Y, antes de partir, pósalo

en mis labios lentamente. Es un poema
azucarado que se derrite en la boca y arde
como la primera menta de la infancia.

Nadie olvida un cuerpo que tuvo
entre sus brazos un segundo – un nombre sí.


("índigo horizonte", versión nuria p. serrano)